En el Nuevo Mundo no había abejas productoras de miel antes del Descubrimiento de los españoles. Las primeras especies  especies europeas fueron llevadas de España y rápidamente se extendieron por todo el Continente americano.

Había abejas productoras de miel en Asia y Africa, pero de especies distintas. La Apis dorsata Fabricius, la abeja gigante o bambara de la India y Africa desde el Sur del Sáhara hasta El Cabo y desde Marruecos hasta Egipto, tenía fama de ser una gran productora de miel y cera. Un panal formado por ellas contiene de 15 a 50 kg de miel según la estación del año.
En Africa, las abejas eran conocidas y usada su miel hace más de 10.000 años, como lo demuestran pinturas halladas en las rocas y en las cuevas. La pintura más famosa realizada en una roca que representa panales de abejas y obtención manual de miel, se encuentra en España, en la roca de Bicorp de Valencia y tiene una antigüedad de 7.000 años.

Los grupos nativos con experiencia más antigua en obtener miel silvestre han sido los hotentotes. Los árboles llamados miombo son los más a propósito y por ello muy buscados por las abejas africanas para hacer sus panales. Dos especies son las preferidas: Brachystegia que los nativos llaman msasa y Julbernardia a la que llaman mnondo.

Los hotentotes tienen una gran habilidad para buscar y obtener la miel de las abejas. Se ayudan por los llamados pájaros-guía (Indicator indicator) cuyo vuelo les lleva con seguridad allí donde hay un panal.

Para obtener la miel, destruyen los nidos después de haber matado a las abejas, pero poco tiempo después otro enjambre vuelve a formar un nuevo panal en el mismo lugar ya que tienen preferencia por lugares donde anteriormente otras construyeron panales.

Esto lo saben muy bien los hotentotes, de manera que tienen bastante controlados los lugares donde pueden obtener el delicioso alimento.
La abeja africana, Apis mellifera adansonii o Apis dorsata o escutelata, ha llamado mucho la atención en los últimos años por razones que pronto veremos, especialmente su introducción en el Brasil en 1956.

En la India, se cree que la proximidad de panales de abeja trae felicidad, mientras en otros lugares se piensa lo contrario, especialmente si los nidos de abejas se producen en la vivienda o su proximidad en cuyo caso los destruyen.
Creen en la India que cuando se toca un nido de abejas, éstas se dan cuenta y se van, se dan un baño purificador en el río y van a construir otro panal en otra parte.

En las regiones montañosas es costumbre regalar a los novios colonias de abejas como presente de boda. Consideran a la abeja como imagen de la diosa Lakshmi (la diosa del bienestar).

Hay dos tipos de abejas Apidae en el continente africano, cinco subespecies de Apis mellifera y unas 40 especies de abejas con aguijón que pertenecen a los géneros Axestotrigona, Meliponula, Hypotrigona, Cleptotrigona y Plebeia.
De las especies de Apis mellifera, dos son del norte de Africa: A.m. intermissa, la abeja púnica y A.m. lamarekii, la abeja egipcia. La A.m. adansonü, que se encuentra al sur del Sáhara ocupa Africa central. La cuarta subespecie habita la provincia de El Cabo y es la A.m. capensis y la quinta, la A.m. unicolor está en Madagascar.

El doctor Warwick Esteban Kerr, director del Instituto de Estudios Amazónicos en Manaos, había estudiado las características de todas estas especies de abejas y comprobado que la abeja africana, Apis dorsata, la A.m. adansonii, tenía cualidades que podían ser utilizadas si se hibridase con las especies americanas. La principal era su enorme capacidad para trabajar, para producir miel y cera, tres a cuatro veces más cantidad que las americanas. Por contrapartida tenía una cualidad negativa: su enorme agresividad.

La bambara, como se la llama en la India, mataba con su picadura a un hombre con relativa facilidad e incluso a un búfalo de agua. Allá dicen los cingaleses que la picadura de cinco bambaras equivale a la picadura de una cobra.
Sin embargo, los entomólogos brasileños pidieron al doctor Kerr que trajera 100 reinas de Africa, aprovechando un grant que le concedió la Rockefeller Foundation. Kerr marchó a Africa y vio a estas abejas en Angola en su habitat nativo, en Tanganyka, en el Zaire, en Mozambique y en Suráfrica, llevó al Brasil tres reinas de Tabora en Tanganyka, de las que sólo llegó una viva y 170 de Pretoria y Johannesburgo en Suráfrica de las que llegaron vivas sólo 49. De éstas, 24 fueron eliminadas por considerar que no estaban en condiciones adecuadas.

La habilidad para trabajar de estas Apis mellifeca adansonii es bien conocida. No les importa que llueva ni que haga viento. Comienza a trabajar muy de mañana y continúan hasta el anochecer teniendo a veces las más rezagadas dificultad para hallar su panal. Y si bien prefieren las zonas húmedas y calientes (bosques tropicales húmedos) se adaptan incluso a temperaturas bajo cero.

A esta abeja africana se la llama oro por su color amarillo. Las reinas varían desde el dorado oscuro al rojo oscuro.
Kerr tenía la esperanza de que la hibridación con las especies europeas del Brasil, atenuaría la agresividad, y que si huían se diluirían en la población general de Apis, manteniendo la cualidad de producción intensa de miel y con ella aumentaría la producción nacional de miel y cera.

En esto último no se equivocó, pero en lo de la agresividad no contó con la opinión de la abeja africana ni con sus cualidades genéticas, entre las que las más negativas eran precisamente las dominantes.

El primer experimento se realizó en un bosque de eucaliptus a 50 km al N.O. de Piracicaba, Estado de Sao Paulo. Pronto se vio que las abejas africanas producían doble cantidad de miel que las americanas de origen europeo. Hubo una extraordinaria multiplicación de las colonias africanas y los híbridos africanizados, adansonii mellifera fueron aún más vigorosos.
Pero la característica de la agresividad se exacerbó. No podía acercarse nadie a 100 metros de un panal de estas abejas pues salía el enjambre todo junto y caía sobre el animal o persona que se atreviese a molestarlas en su trabajo. En un año murieron 80 personas a causa de su picadura y no se sabe cuántos animales morirían también.
La Academia de Ciencias de los Estados Unidos envió un equipo al Brasil para estudiarlas de primera mano. El profesor C. D. Michener fue quien dirigió este estudio.
La progenie de 26 reinas y unos 200 machos con los que se mezclaron introdujo materiales genéticos que fueron los que dieron origen a la rápida extensión de la nueva forma biológica.
Pero el nuevo motivo de alarma fue que la abeja africanizada no se quedaba quieta en la zona del experimento. Pronto desarrolló una característica migratoria tremenda y un poder reproductor mayor aún que sus congéneres africanas.
Kerr estaba asombrado. La nueva especie africanizada era el insecto más prolífico, más productivo y más vigoroso que jamás había visto, con mayor potencia que la bambara de la India de la misma especie.
Y empezaron a extenderse a una velocidad de 100 km por año, pero se veía que esta velocidad iba en aumento progresivo hasta 300 a 500 km por año.
En 1956 comenzaron a reproducirse en un bosque cercano a Sao Paulo. En 1962 aparecieron en Cosmópolis, 47 km al Este. En 1963 fueron vistas en la región de Cananea a 250 km y a 130 km al S.O. de Sao Paulo. En 1964 se detectaron nidos en el centro de la propia ciudad de Sao Paulo, en los alto de un edificio de 10 pisos. El mismo año están en Ipaussu a 225 km al oeste.
Pronto fueron invadidos los Estados vecinos. A Paraná llegaron en 1962 y en 1963 a Colombo cerca de Curitiba, 325 km al S.O.
Un año después, en 1964, eran ya familiares en Sta. Catalina, Río de Janeiro y Minas Geraes, donde las alarmas eran continuas, así como los ataques a la población humana y animal. No tardaron en llegar a Tres Lagoas en Matto Grosso y cerca del Río Paraná a 440 km al N.O.
Su capacidad migratoria iba en aumento y ya no había forma de detenerlas ni erradicarlas. Comenzaron a establecerse en territorios de otras especies como los termiteros que tan frecuentes son en muchas áreas del Brasil.
Además la invasión de la A. dorsata o adansonii tuvo efectos adversos en la población de muchas especies de abejas nativas. Las Melipominae disminuyeron en forma alarmante desde que llegó la africanizada, informándose que atacaba los nidos de éstas y otras especies.
Se calculó que su avance era ahora de 320 km por año. En 1971 habían alcanzado ya la Isla Marajó y Belém do Pará, atravesando el Amazonas hasta Macapá. Kerr observó hasta 107 colonias de Apis por km2 en Matto Grosso y Goias.
En el curso de 30 años, la abeja asesina ha invadido toda la América de habla hispana, llegando a la frontera de los Estados Unidos.
Hay dos formas por las cuales esta abeja africanizada puede extenderse. Bien por agresión contra la raza establecida venciéndolas en competencia por las fuentes de recursos del medio ambiente, como son los alimentos o los lugares donde anida o bien por introducción de sus genes en la población ya establecida en el área.
Kerr tenía la esperanza de encontrarse enemigos dignos de ella al llegar a la cuenca del Amazonas, alguna especie depredadora que pusiese remedio a este desequilibrio ecológico y si no en las selvas del Amazonas, quizás en las del Darién que como sabemos es un filtro natural entre Suramérica y Centroamérica.
Lo cierto es que en 1966 estaban en Paraguay y Argentina y que en la actualidad han llegado a Panamá a pesar de todas las previsiones al parecer sin encontrar enemigo ni en el Amazonas ni en las selvas del Darién.
Fue observada en Panamá por primera vez, en las proximidades de Santa Fe en el Darién en febrero de 1982, siendo desde entonces rapidísima su dispersión por el Istmo. Debemos esta información al doctor Eustorgio Méndez del Gorgas Memorial Laboratory de Panamá, país donde los bomberos han sido entrenados especialmente para destruir esta clase de panales y abejas en el momento en que sea advertido, pues la abeja africanizada tuvo la audacia de anidar nada menos que en el Estadio Nacional, donde tuvieron que ser abrasadas con equipos especiales y hoy han llegado ya a la frontera de Méjico y Estados Unidos, a orillas del río Grande.
Actualmente se está a la expectativa para ver si invade las zonas frías y encuentra así una barrera natural a su expansión. Se sabe cuando llega Apis dorsata a una región porque la gente empieza a quejarse. En algunos lugares han llegado a correr por las calles los habitantes de algunas poblaciones perseguidos por estas abejas asesinas.
Las abejas africanas tienen en el Continente negro enemigos naturales de los que el mayor de todos es el hombre. Luego están otros insectos,como las avispas, la abeja amarilla pirata (Polarus latifrons Kohl y Philanthus diadema F.) que las capturan cuando están libando en las flores o cuando se acercan al panal, especialmente cuando disminuyen la velocidad de su vuelo. Cuando la avispa mata a la abeja africana, se la lleva como provisión o alimento para sus larvas en lo más profundo de sus nidos.
Hay varias especies de moscas africanas parásitas que atacan también a la abeja africana. El taquínido Rondaniooesthus apivorus deposita sus larvas en el cuerpo de la abeja. La larva desarrolla en el abdomen de la abeja y cuando está madura, mata a su huésped para alimentarse de él.
También hay pájaros depredadores, comedores de abejas.
Otro enemigo de la abeja africana es la hormiga safari (Anomma spp. o Dorylinae), muy común al Sur del río Zambeze.
Pero el más destructor de todos los depredadores después del hombre es el tejón, que en una noche puede destruir quince o más panales.
Hay en Africa también una polilla de la cera que también es enemigo natural de las abejas.
El color de la abeja africanizada es muy variable. La mayoría tienen bandas amarillas en el abdomen. Las obreras son negras. Coexisten en la misma colonia unas negras y otras con bandas amarillas.
Su longitud varía entre 3,87 a 4 mm. Un colonia de abejas puede tener de 30.000 a 60.000 individuos que son como en todas estas especies: reinas, obreras y zánganos. El abdomen de la reina es muy largo, teniendo como única función la de poner huevos a una velocidad de 1.500 a 2.000 diarios. Los zánganos no trabajan, su única misión es fertilizar a las reinas, pero consumen grandes cantidades de alimentos.
Las obreras son las más numerosas de la colonia. Hacen todo excepto poner huevos. Alimentan y cuidan a la reina, limpian las colmenas que ellas mismas fabrican, las pulen y ventilan, van en busca del alimento de las flores convirtiendo el néctar en miel y al mismo tiempo actúan como guardianes del panal.
Como todas las abejas, tienen la capacidad de transmitirse información sobre los lugares donde puede encontrarse abundante néctar, polen o agua, señalando con sus danzas y movimientos a los demás los lugares y las direcciones, así como las distancias a que se encuentran.
Producen la cera a partir de glándulas especiales que están situadas en las partes laterales del abdomen y el produeto es masticado y mezclado con fluidos de las glándulas cefálicas. Las obreras tienen que consumir 20 libras de miel para producir una libra de cera.
Pero desde su entrada en Brasil, la producción de miel y cera se ha triplicado, lo que demuestra su enorme capacidad de trabajo. Se ha podido observar que tardan menos que cualquier otra abeja en recoger el alimento y por eso regresan a su colonia con más rapidez y más veces. Cuando escasea el alimento, no se entretienen mucho y rápidamente emigran a otros lugares. La colonia de estas agresivas abejas asesinas parece estar siempre alerta y lista para defender su hábitat y cuando atacan, lo hace el enjambre entero, lo que es mortal. La presencia de intrusos que llevan ropas de colores o artefactos brillantes, llamativos, contribuye a enfurecerlas. A 100 metros del panal perciben ya al enemigo y salen en su busca.
Para poder extraer su miel, los apicultores no sólo han de ir extraordinariamente bien protegidos sino que tienen que usar vapores de nitrato de amonio, anestesiándolas o incluso matándolas por medio del fuego. A veces las anestesian de noche para transportarlas a lugares más alejados donde no constituyen un peligro.
Los estímulos que las irritan son diversos. Además de los colores de la ropa, el brillo de instrumentos, la vibración del panal, el tocarlo o agitarlo moviendo la rama en que se encuentra colgado, son algunos de ellos. También el olor puede ser un estímulo suficiente para provocar su agresividad, por ejemplo el que despiden algunos animales o el olor a petróleo o keroseno de los apicultores, así como el movimiento de las personas. Las palas de un rotor o molino de viento destruían miles de abejas africanizadas a las que atacaban como Don Quijote pensando que eran enemigos.
El movimiento de las aspas del molino de agua las irritó, provocando sus ataques en los que perecían por montones.
La abeja africanizada es muy sensible a las vibraciones y también al calor. Cuando el calor aumenta se hacen más agresivas, así como cuando hay más abundancia de néctar. Algunos autores informan que aumenta su irritabilidad cuando escasea el alimento. Lo cierto es que su agresividad varía según las distintas circunstancias y condiciones del medio ambiente.
Stort menciona 11 genes que controlan la agresividad. Las abejas además atacan sin previo aviso. En Brasil hay informes de muchos casos no mortales pero sí de fuertes reacciones alérgicas y se calcula en un promedio de 70 a 80 personas las que mueren al año por sus picaduras.
Y no es que sea grande la cantidad de veneno de su aguijón comparado con el de otras especies de abejas, sino que su mayor habilidad para comunicarse con las compañeras y su mayor agresividad las hace más peligrosas.
En este fenómeno intervienen la gran cantidad y variedad de feromonas de alarma que producen. Sus ataques súbitos son masivos, no siendo una la que suele picar sino muchas de ellas, tardando de 20 a 25 minutos en volver al estado de calma mientras que las especies europeas tardan tan sólo de dos a tres minutos en calmarse.
Si el aguijón es clavado en la cabeza o en una vena las consecuencias pueden ser rápidamente mortales. Este aguijón tiene unos dientes muy finos, orientados hacia arriba, que impiden el que pueda ser retirado de la piel donde lo clavan. Por eso la abeja después de picar no sólo deja su aguijón en el cuerpo del enemigo sino el aparato glandular y parte de su abdomen, lo que produce su muerte irremediablemente. Son por ello verdaderos kamikazes, suicidas que mueren matando.
Para extraer el aguijón hay que utilizar un bisturí o una aguja desinfectada y evitar así, desbridando la parte, que pase a los tejidos más cantidad de veneno contenido aún en la glándula. El veneno de la abeja africanizada, produce efectos parecidos a los del veneno de la cobra o la toxina del escorpión. Produce hiperglucemia y pérdida del glucógeno hepático. Se han hecho experimentos inyectando veneno de estas abejas en ratones, comprobándose los cambios en la concentración de azúcar en la sangre.
Esto puede ser debido a una acción directa del veneno sobre el hígado o bien a la liberación de adrenalina que se produce al actuar indirectamente sobre las cápsulas suprarrenales. Se ha demostrado experimentalmente que inyectando veneno de estas abejas o veneno de cobra en la arteria celiaca del gato, se produce una liberación prolongada de adrenalina a partir de las cápsulas suprarrenales.
Las técnicas electroforéticas y cromatográficas han permitido conocer mejor la composición química del veneno de esta abeja. La precipitación del veneno por el ácido pícrico elimina algunas de las fracciones. El veneno de las abejas en general y de las africanas en particular contiene histamina y su acción sobre los tejidos produce más cantidad de esta substancia por decarboxilación de la histidina. Contiene además algunos compuestos de ninhidrina de bajo peso molecular que aún no se conocen bien. No contiene fosfatasa ácida ni alcalina ni AT-Pasa.
Tres fracciones son obtenidas con el ácido pícrico en forma de picratos: Fo, F1, F2. La fracción F0 no posee acción farmacológica conocida. La fracción F1 o melitina, contiene 11 aminoácidos, ninguno de los cuales contiene S. La fracción F2, contiene 13 aminoácidos y además cistina, cisteína, histidina, metionina, fenilalanina y tirosina. Esta fracción F2 contiene además dos enzimas: hialuronidasa y fosfolipasa A.
Aunque la acción del tóxico resulta de la combinación de sus tres componentes, la fracción F, o melitina es la responsable de la mayor parte de los efectos tóxicos locales y generales. La acción de la melitina ha sido bastante estudiada. Produce dolor local e inflamación, hemoliza los eritrocitos al hacer permeable la membrana a la Hemoglobina y aumenta la permeabilidad de los capilares de la piel. Su acción vasodepresora periférica, produce hipotensión al principio, pero si llegan dosis consecutivas se invierte esta acción y se hace hipertensiva, llegando a producir parálisis respiratoria y muerte.
Tiene también acción paralizante sobre las terminaciones nerviosas motoras, liberando potasio en el tejido muscular, inhibe la colesterinasa del plasma y coagula el fibrinógeno.
La fracción F, no tiene estos efectos pero la fosfolipasa A que contiene, aumenta indirectamente la hemólisis ya que ataca la lecitina que sale de los eritrocitos por la acción de la fracción F1, y produce lisolecitina que tiene también efecto hemolizante. Las reacciones alérgicas son también frecuentes, sobre todo en personas sensibilizadas previamente por anteriores picaduras, pudiendo producirse el shock anafiláctico mortal. El suero de los apicultores suele contener anticuerpos contra la fosfolipasa A.
Las feronomas son las substancias segregadas por los insectos al exterior, capaces de producir una conducta específica o desarrollar respuestas en otro de la misma especie o incluso de distinta especie. Son hormonas, mensajeros químicos sociales que incluyen substancias que estimulan el atractivo sexual, o bien producen alarma, o sirven para señalar un rastro. Algunas tienen acciones antimicrobianas.
El análisis cromatográfico de la secreción de la glándula de Nassanoff de la abeja obrera, señala la presencia de dos substancias: citral y geraniol. El citral es el que produce más atracción pero la combinación de citral y geraniol es muy atractiva para las abejas. Las reinas producen una substancia llamada QS (Queen Substance) o substancia de la reina, que se origina en las glándulas mandibulares y actúa atrayendo sexualmente a los zánganos. Es el ácido 9-oxodec-trans-2-enoico.
La abeja africana produce otras dos feromonas: isofenilacetato y 2-hiptanona. El aguijón de la abeja asesina o abeja kamikaze lleva substancias volátiles que incitan a las otras abejas a la agresión. El aguijón, cuando no está en acción, permanece retraído en una cámara especial que tiene la abeja en el abdomen. Pero ante la inminencia del ataque, el aguijón es proyectado al exterior en posición de ataque. El olor del aguijón se debe a una feromona que estudiada por gas-cromatografia ha mostrado la presencia de acetato de iso-amilo, como uno de sus componentes más activos.
El doctor Mykola Haydak, de la Universidad de Minnesota, fue picado 150 veces en sus brazos por abejas. No debían ser la especie africana porque ha podido sobrevivir.
Describe así su experiencia: “En pocos minutos mi corazón comenzó a latir violentamente y la cabeza me picaba terriblemente. La zona alrededor de los labios quedó dormida y tuve una sensación de hormigueo en ellos. Tenía la misma sensación en los pies con la diferencia de que el hormigueo se dirigía hacia las rodillas. Me sentí mareado. Todo me daba vueltas y lo veía blanco. No pude sentir mi pulso. Generalmente la lipotimia va precedida por una sensación de oscuridad, pero en mi caso el mareo progresó hasta que sólo pude ver una masa blanca, nebulosa ante mis ojos. Entonces caí sin conocimiento. Debí permanecer así como medio minuto según el testimonio de quienes me vieron. Quedé mareado y con un deseo urgente de defecar después de lo cual casi vuelvo a desmayarme. Permanecí en el suelo 10 minutos. El cielo, la hierba y las hojas volvieron a adquirir sus colores normales. Todos los síntomas desaparecieron a los 15 a 20 minutos. La hinchazón de los brazos desapareció a los dos días”.
Hay personas muy sensibles al veneno y una simple picadura como ya dijimos puede matarlos. En las reacciones graves hay constricción del tórax, dificultad respiratoria y cianosis, hinchazón local masiva, pérdida de la conciencia, emisión involuntaria de heces y orina, sialorrea. Esto sucede en un l x 1.000 de los casos.
En el curso de 30 años, la abeja asesina ha invadido toda la América de habla española, llegando a la frontera de los Estados Unidos. En los próximos años hemos de ver todavía cosas curiosas que será capaz de hacer este pequeño animalito pero de capacidad reproductora enorme. Producirá mucha miel, pero a costa seguramente de muchas vidas y sustos. Los científicos siguen esperando que encuentre algún depredador que la controle en su temible capacidad reproductora.
Dr. José Manuel Reverte Coma
Museo de Antropología Médico-Forense Paleopatología y Criminalística